Hora punta. El calor rozaba los cuarenta grados. Los conductores perdían la paciencia: el atasco duraba ya treinta minutos, y todo por él — un enorme alabai blanco, tendido en medio de la carretera.
El perro parecía una piedra. No se movía, no reaccionaba a los cláxones. Solo miraba cómo pasaban los coches, sin apartar la vista, como si estuviera vigilando algo.
Un conductor, nervioso y sudoroso, gritó por la ventanilla:0

— ¡Es un alabai! ¡Podría partir a cualquiera en dos! ¿Quién se le va a acercar? ¡Llamen a la policía!
Nadie se atrevía a acercarse. Dos coches no lograron esquivarlo y chocaron — cristales rotos, parachoques destrozados, insultos. Pero el perro permanecía allí. Gigantesco, blanco, con una mirada penetrante.

De repente, se abrió la puerta de un coche barato. Un hombre alto y delgado, con camisa blanca, evidentemente un oficinista, suspiró y se acercó al alabai. Todos miraban conteniendo el aliento.
El perro se incorporó. Lentamente. Patas macizas, lomo encorvado. Se puso sobre las patas traseras. Alguien en un coche gritó:
— ¡Se acabó! ¡Lo va a matar!
El hombre, aterrorizado, se tapó los ojos con las manos — pero entonces vio algo espantoso.
Retrocedió un paso, y se dio cuenta: el vientre del perro estaba abultado, pesado. Era una hembra preñada. Sus patas temblaban. Sus ojos ya no eran amenazantes — expresaban dolor.
El hombre dio un paso cauteloso, tendió la mano. Y ocurrió un milagro: el alabai se inclinó suavemente sobre sus patas delanteras y apoyó el hocico en su palma.
El hombre se volvió hacia los conductores y gritó:
— ¡Está mal! ¡No es agresiva, ella… ella ya no puede más!

Alguien llamó a un veterinario. Otro trajo una botella de agua. La gente apareció con trapos, cojines, incluso un hombre llevó un paraguas. Al cabo de una hora aproximadamente, el alabai fue cargada con cuidado en un coche y la carretera quedó libre.
Pero la historia no terminó ahí.
Tres semanas después, el mismo hombre recibió una carta. Dentro había una foto: cinco cachorros blancos en un pequeño refugio acogedor.
En el reverso se podía leer:
«Ella sobrevivió. Y está agradecida. Los cachorros esperan a su héroe. Si quiere uno, solo dígalo. Hemos llamado a uno en su honor».







